Soy Argentina, y en mi país es muy fácil reconocer tener abuelos europeos, pero aparentemente tener ancestros Africanos no resulta tan común.
Para mi sorpresa existe una comunidad llamada Afro argentina, de la cual yo nunca había escuchado hablar hasta ver la exposición fotográfica “Africamericanos” en el Centro de la Imagen.
Aquí comenzó un viaje relatado a través de la fotografía. Un viaje que muestra el exitoso y horrible proceso de ocultar la historia Afroamericana. Me resultó fascinante presenciar como a través de la fotografía se pueden contar historias y hacer que se conozcan tantas verdades. Apareció en este caso la fotografía como un registro, una evidencia. Fotografiar es revelar que existe, es hacer lo invisible visible.
Eso fue lo que me sucedió con esta exposición. Me metí en la vida de cada individuo retratado. Observé su mirada. Escuché sus cantos. Me informó, me cambió. Este recorrido se trató para mi de concientizar, educar e intentar de a poco revertir el proceso de invisibilización que sufrieron los Afroamericanos en países como Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Peru, Ecuador, Colombia y Venezuela. Nos enseña que a pesar de los siglos de ocultamiento, la comunidad afrodescendiente es una influencia cultural muy importante en América Latina y que sus tradiciones contribuyeron a la creación de nuestras identidades.
Pero es solo el comienzo, todavía sigue sin reconocerse el papel que ocupó la población afrodecendiente en nuestra cultura, y en la actualidad siguen siendo acechados por el racismo, la violencia y la pobreza.
Me quedo con una frase de Federico Pita, presidente de la DIAFAR, (Diáspora Africana Argentina): “Todos tenemos una abuela negra escondida en el placard”.
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