Friday, November 30, 2018

Después de la fotografía



El mundo digital invade nuestras vidas. Está presente, latente pero al mismo tiempo está tan normalizado y es tan cotidiano que por momentos no entendemos lo que eso implica. Somos parte de él y  no sabemos sobrevivir de otra manera. ¿Pero que representa esto para nuestra sociedad? ¿Qué consecuencias positivas y negativas tiene este fenómeno?

 Al igual que muchos medios de comunicación, la fotografía, según Ritchin, es “un reflejo de las sociedades que la han generado y adoptado”.  Los medios digitales vinieron a abstraernos de la realidad, traduciendo todo a datos, esperando que un público receptor los reconstruya a su manera. Alvy Ray Smith afirma que “la realidad es simplemente una medida conveniente de la complejidad”. Esto nos hace entender que la realidad es imposible de comprender, que la realidad que buscamos es la que se ajuste a nuestras necesidades, a lo que nos sea más conveniente.

Esto conlleva a cambios personales y sociales fundamentales, como sucede con las manipulaciones realizadas en la fotografía. Las alteraciones estéticas, las modificaciones en la apariencia física que nos quieren hacer creer que lo que vemos es siempre real y que es esa la forma en la que se supone que se tiene que ver. Es de esta manera que Ritchin se cuestiona acerca de la ética de las imágenes. Nos preguntamos entonces: ¿Cuál es la función del fotógrafo?  De todas maneras alguien más luego va a alterar lo que el capturo. El autor afirma que el fotógrafo es como muchas otras cosas que,  hoy en día,  son parte de un sistema superior que no controlamos. Podemos entender entonces que anteriormente la labor del fotógrafo era mucho más auténtica, hoy en día se modifica el formato de la realidad y su contexto para generar una imagen idílica y poco realista.

¿Porque no modificar la realidad para nuestra conveniencia? Incluso llegamos al punto de pensar en diseñar el futuro, como en el caso de Ritchin que participó de una modificación del horizonte de Nueva York, en donde invento otras estructuras y monumentos, cambiando así la realidad. El describe su experiencia diciendo haberse sentido como Dios. Es curioso pensar en esta idea. ¿Cuál es la diferencia de cambiar una imagen a cambiar en si la realidad? Si lo podemos ver entonces, ¿es real? ¿Quién nos otorga ese poder de creadores y destructores?

¿Pero qué sucede cuando vemos estas imágenes? Somos una generación que creció con el Photoshop, que creció intentando desmentir y descifrar que imágenes son verídicas y cuales fueron modificadas. Esto nos hace concluir que ver no equivale a creer. Se puede pensar que la fotografía paso de ser una representación casi perfecta de la realidad, a ser un engaño que pretende ser verosímil volviéndose una ventana a un universo alterno. A mi entender, la digitalización y modificación de las fotografías no es más que una evolución. No es la primera vez que esto sucede, sino que se acopla a las tecnologías modernas, ya que las imágenes fueron retocadas desde sus inicios, incluso en la fotografía análoga. Esto nos hace pensar entonces que imágenes son confiables y cuáles no. ¿Se puede acaso confiar en alguna? ¿Qué sucede con la fotografía documental que su función es exclusivamente relatar y transmitir hechos verídicos? ¿Pierde esta su valor? Ritchin y un grupo de estudiantes proponían colocar un ícono para indicar que esa imagen había sido manipulada. Pero como podemos definir la manipulación, a partir de qué y cuánto. Baudelaire decía que la fotografía era simplemente una herramienta para complementar la memoria,  pero que no se le debe permitir acceder al terreno de lo imaginario. En la actualidad ¿es esto lo que sucede? ¿O acaso la fotografía es en sí un acto imaginario desde su origen?  Según Wes Anderson, la fotografía digital rompió la relación entre la fotografía y la realidad. “Estamos en una era en la que nadie podrá decir si una foto es falsa o verdadera.”

La fotografía, como la televisión, fue criticada por parecer tener un impacto negativo en la sociedad. Según Baudelaire es muy vulgar para ser arte, según Rodin es muy mecánica para ser verdad y para Sontag carece de intervención. Sin embargo a mi entender también tiene la virtud de concientizar y generar grandes cambios en la sociedad. Como por ejemplo en la creación de la ley contra la explotación infantil o la solidaridad de las personas en causas benéficas entre otras cosas.
Pero la realidad es indeterminada, subjetiva, la realidad es probabilidad. Por eso buscamos en la fotografía una realidad tangible, honesta. Es tan desesperante como entender que nunca vamos a poder vernos a nosotros mismos más allá que en un reflejo invertido. El autor se cuestiona si la gran expansión y acceso a la información de imagen, al igual que el derecho que todos poseemos de producir y publicarlas, está haciendo el mundo un lugar mejor o si nos está ahogando y perjudicando como sociedad.

En lo personal, siento que vivimos en parte en una generación que me atrevo a llamar nostálgica. En donde lo antiguo tiene un valor y una connotación especial. Creo que estamos aprendiendo que no siempre es mejor lo nuevo, y podemos apreciar y atesorar tradiciones y maneras más antiguas de realizar las cosas. Entendemos que no siempre el camino fácil es el mejor, que no siempre lo nuevo es lo bueno. ¿Pero qué es lo que sucede después de la fotografía? ¿Qué es realmente lo que nos enseña y que uso le damos como sociedad?

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